Fallece Francisco Pinilla Castro, ilustre investigador villarrense Hijo Predilecto de la localidad.

Para compartir:

Nacido en Villa del Río en mil novecientos treinta y dos en el seno de una familia trabajadora, sus padres, Antonia y María Antonia vivían y criaron a sus cuatro hijos con las rentas de una tierra heredada y el beneficio que sacaban a la taberna que tenían en la calle San Roque frente al colegio de las monjas. Esta estabilidad, sin lujos, hizo que sus padres pudieran dar a sus hijos una educación básica, pudiendo asistir a la escuela y orientándolos para que con el tiempo pudieran optar a mejores trabajos futuros. 

Marcados, como todos por la guerra, tuvieron que dejar Villa del Río, su casa, su tierra y dirigirse a zonas más alejadas del frente, en su caso, hacia Guarromán al cortijo Lentisco. En mil novecientos treinta y nueve vuelve a Villa del Río una vez terminada la guerra. 

Con nueve o diez años comienza su formación en el colegio de las monjas. Allí aprendió mecanografía con el “menudo ciego”, todo un logro en esa época con la primera máquina que llegó al colegio ya que sus padres tenían gran amistad con las monjas. 

Francisco era uno de esos niños de la época que se criaron en la calle, entre juegos imaginativos, al aire libre, buscando ranas, cazando pájaros o abubillas en el río. Entre sus amigos se recuerda a Andrés Fernández Polo, Pepe Collado, Manolo y Eduardo Luna, Jacinto y Pepitín Mañas, entre otros.  

Como la mayoría de los niños de la posguerra, solo puede cursar estudios primarios aunque siempre le interesó ampliar sus conocimientos. No tuvo más remedio que ponerse a trabajar como tantos que otros jóvenes pero en su caso, orientado hacia un fin. Así pues, por ese interés que tenían sus padres por su formación, querían un futuro mejor para sus hijos, consiguen que entre como ayudante en la oficina de la estación de RENFE, unas prácticas sin retribución alguna. 

A los diecisiete años se presente en Madrid a unas oposiciones de RENFE para factor. Estando allí se matricula en otras de auxiliar de oficina ya que tenía buenos conocimientos de mecanografía y contabilidad. 

Por esta época se vuelve a reencontrar con Catalina Sánchez, en la feria de Córdoba. Comenzaron a salir y después de cuatro años de noviazgo, se casaron en la década de los sesenta. Ambos tuvieron la suerte de poder trasladarse a Córdoba y comenzar allí su vida en común. Él permanecerá, desde ese momento, en las oficinas de RENFE, hasta su jubilación en mil novecientos noventa y dos. Una vez casados, Catalina, su mujer, le animó a que siguiera estudiando y terminara el bachiller. Aunque estaba ya con sus oposiciones, él siempre sintió el deseo de completar su formación. Así comenzó primero y segundo de bachiller, examinándose en Valdepeñas y en septiembre hizo tercero y cuarto y reválida de cuarto. Ese mismo año que en septiembre, ingresó en magisterio, en dos años sacó la carrera. Más tarde siguió estudiando, ahora perito mercantil. En dos años lo sacó y esto le hizo ascender en su trabajo en RENFE. 

A raíz de su jubilación anticipada y con su mujer, Catalina Sánchez, “por azar” trata de ayudarle a buscar datos sobre los dueños de la Casa de las Cadenas, quien está buscando moviéndose entre legados centenarios, poco a poco, quedó atrapado, obsesionado y enamorado de una anónima desconocida, la historia de Villa del Río. 

Poco a poco, está búsqueda de las fuentes documentales se fue transformando en una pasión de tal modo que formó parte de su trabajo diario hasta el final de su vida. Fruto de su investigación fueron los dos libros publicados en solitario entre lo que destacan: “Villa del Río. Apuntes para su historia” de 1995, realizado con el fin “de dar a la generaciones venideras o le pregunten por la historia de su pueblo que no respondan que no tiene historia o se la cuenten como no fue”. Trata temas como las cofradías religiosas y Semana Santa, las hermandades y cofradías penitenciales, las hermandades desaparecidas, tradiciones populares, lugares emblemáticos de Villa del Río, iglesias, ermitas, cementerios o el Humilladero. 

También publicó “Índices de los libros parroquiales de Villa del Río” en 2006, un trabajo de investigación histórica de primer orden donde hay que destacar tanto gran volumen de libros que conforman el archivo de Villa del Río que manejó como por el tipo de letra en algunos casos al haber documentos escritos desde mil quinientos setenta y dos, del S.XVI, o por el estado de conservación de algunas páginas. Su posterior copio fidedigno hasta conformar los cuatro volúmenes de obra, el tiempo invertido de siete años con una gran paciencia y gran amor hacia la historia de su pueblo para llevar esta ardua obra a gran puerto. 

Entre los periódicos y revistas, destacan sus publicaciones sobre tema de divulgación, opinión, historia local como “la Cruz de Castillejo” o “Huellas de Villa del Río en la Mezquita Catedral”. Ha colaborado en las revistas de las Jornadas Culturales y Religiosas de la Virgen de la Estrella, en la Revista de la Feria y en la Revista de San Isidro, en el Boletín de Semana Santa y en el Diario Córdoba.  

La intención de su trabajo de investigación ha sido aportar toda la documentación sobre la historia de Villa del Río que ha caído en sus manos investigando sobre los hechos puntuales de nuestra historia aunque algunas veces escondidos entre leyendas que va tamizando y extrayendo la esencia de la realidad. 

Por su ingente trabajo, el pueblo de Villa del Río le fue otorgado el reconocimiento de Hijo Predilecto en febrero de 2014, cuyas palabras fueron: 

“Dignas autoridades, paisanos y amigos, mi querida familia. 

Hoy, como comprenderéis, es un día muy emocionante para mí. Está lleno de felicidad. El que se hayan acordado de mí para concederme esta distinción me llena de alegría y de aceptarla por mi parte supone una responsabilidad como cuando aceptamos ser nombrados cronistas oficiales de Villa del Río. Como todos sabéis, hace muchos años que trabajamos en la investigación histórica de Villa del Río y es mi deseo que su fruto tenga un resultado positivo en las personas de nuestro pueblo y así lo he perseguido siempre con fe e ilusión. 

En estos momentos felices no tengo más remedio que recordar a las personas que, de variadas formas, han influido en mí, para que eligiera este hobby, siguiera adelante y no tirara la toalla. Fundamentalmente y en primer lugar, Catalina, mi esposa que me infundió ilusión por la cultura y con la que comparto mi vida y mi trabajo. Quiero recordar algunas personas que como ya he dicho anteriormente han influido mucho en mí. A don Manuel Nieto Cumplido que encendió la mecha con su publicación “Villa del Río en la baja Edad Media” que lo hizo en la Casa de la Cultura, a nuestras amigas Lourdes Sendra Cañas, María de los Ángeles Clementson Lope, a las hermanas Maruja y Manola Cuello, residentes en Mataró, por su encendido fervor y entusiasmo por la historia de Villa del Río, a los alcaldes y concejales de cultura Bartolomé Delgado Canales y Francisco Wenceslá Ruiz, Juan Calleja Relaño y Antonio Torralba Fernández y a Bartolomé Ramírez Castro y Jesús Morales Molina por apoyar nuestras publicaciones y porque siempre están pendientes de la cultura de su pueblo, a Don Manuel Tirado Fernández y la cadena de sacerdotes que han regido nuestro pueblo por la defensa que hacen de los libros sacramentales que guardan una parte muy importante de nuestra historia, los cuales habrían desaparecido de no haber intervenido ellos en su custodia, como ha ocurrido en muchos pueblos donde la desaparición ha dejado sin genealogía a sus vecinos, a los amigos que nos dejaron Francisco Torralba Molina, Carmelo Cantero, Juan Mantas  y Francisco Molina, grandes  amigos y comentaristas entusiastas. 

También quiero recordar en estos momentos a Antonio López García-Espantaleón, que escribió en el programa de feria del año dos mil cuatro una auténtica solicitud y ruego para que continuáramos en nuestra faena. Decía así: “de Villa del Río es también el matrimonio compuesto por Catalina Sánchez y Francisco Pinilla, a quienes deben el conocer gran parte de esa tierra, de la tierra en la que descansan mis ancestros, por arrancar a la Historia lo que nos pertenece, un matrimonio que dedica horas y más horas a hacer más grande la cultura de su pueblo, amigos a los deseo salud y larga vida para que continúen con su obra, para que a las generaciones venideras no les ocurre lo que nos ocurrió a muchos de mi generación, nacidos en el año cuarenta, que nos parecía que Villa del Río se había formado de las nubes”. 

De Luis Reguera Arenas, leo unos versos que escribió de mi matrimonio, “viven en Córdoba y cuando los visité en su domicilio, su olor me dio la sensación de que estaba impregnado de olor a pueblo, a cultura villarrense”. En otro apartado dice “no nos abandonéis, investigadores queridos, sin dejarnos al menos vuestra aureola y vuestra misa”. Y en otro, “de cultura, alumbrada por su faro, queremos saciarnos en sus anhelos y hasta conseguir que su obra eche raíces será para nosotros un ideal sagrado y caro, por narices”. 

Por último, expongo solo unas líneas de las misivas que recibidos de nuestro amigo del alma, Andrés Fernández Polo. Estas frases me las repite hace un momento Salomé Sánchez Collado. “Queridos amigos Paco y Cati, cada vez me gustan más vuestros escritos. Los leo y releo. Casi me los sé de memoria. Siempre que publicáis algo nuevo de nuestro pueblo, os ruego me lo mandéis. Os lo agradezco mucho”. Con esto, se conoce, en fin nosotros escribimos para todos, pero los que están fuera son los que más lo sienten y aprecian. 

En fin, y a todos vosotros, que habéis dedicado vuestro tiempo esta tarde para impregnaros de cultura local. Muchas gracias”. 

Recordamos su última comparecencia pública, el día 8 de octubre del presente año, con motivo de la inauguración de la Plaza del segador

Recordamos su última comparecencia pública, el día 8 de octubre del presente año, con motivo de la inauguración de la Plaza del segador quien compartió este artículo singular: 

“Hasta mediados del S. XX, el pueblo de Villa del Río y todos los de su entorno eran eminentemente agrícolas y junto con los oficios en los que se dividía el gremio de los labradores agrícolas figuraba el de segador o segadora, hombre o mujer que realiza labores de siega de hierba y cereales. A día de hoy, el término de Villa del Río está anillado por un círculo de plantas arbóreas de olivos pero no siempre fue así. En tiempos pasados, el terreno que hoy ocupan los olivares estuvieron cubiertos de multitud de árboles de diferentes variedades, de follajes y de hierbas que el hombre con el transcurso del tiempo ha ido clasificando, eliminando las nocivas y dando preferencia a las productoras de alimentos para las personas y animales. El cuidado y labrado de las tierras que se iba a dedicar al cultivo de cereales y la siembra estuvo siempre a cargo de los trabajadores que comúnmente recibían el nombre de agricultores y según la faena que iban realizando en el campo y a qué plantas se iban definiendo los cargos. Y así nos encontramos con que unas mismas personas podían ser muleros, aradores, sembradores, limpiadores de cultivo, segadores y en las eras, trilleros, aventador, envasador y en el olivar, cortador, aceitunero. Todo esto lo estáis reviviendo porque es el alma de nuestro pueblo desde siempre. Los trabajadores y trabajadoras del campo suelen ser personas sanas, robustas, de fuerte y variable carácter, el que mudan ante cualquier anécdota jocosa, piel tostada, sufridores y aguantadores de inclemencias y de los cambios meteorológicos. 

Hoy viernes, 8 de octubre de 2021, estamos aquí reunidos en Villa del Río para rendirse homenaje al segador con la instalación de una estatua en una plaza nueva que llevará su nombre y que representa a todos los trabajadores de la campiña y del cerro, del monte y del llano, y hemos elegido esta figura del segador, porque ellos tuvieron el privilegio de ser los elegidos para descubrir en el Monterreal, entre zarzas, una imagen de la Virgen María, que con el tiempo se le dio el nombre de Estrella y que el pueblo, con el paso del tiempo elevó a patrona de la localidad. Este acto de reconocimiento al recuerdo del labrador lo encontramos muy bien y justo y damos gracias de que este momento haya llegado y también deseamos que en breve se eleven nuevas estatuas a otros gremios que también contribuyen a la mejora de sus habitantes pues las estatuas nos hablan de historia, de valor de la sociedad, de la cultura de los pueblos civilizados, no debemos olvidarlos. Muchas capitales de provincia están llenas de estatuas y el visitante que pregunta a quién o a quiénes representan se van llenos de cultura popular. Las estatuas ensanchan los valores de los pueblos y son transportables por el turismo y los visitantes. Nosotros vivimos en Córdoba, Catalina y yo, y nos preguntamos qué persona que la haya visitado no vuelve a su residencia con el recuerdo de monumento del Gran Capitán, de la religiosidad al Cristo de los Faroles, del triunfo a San Rafael y a otros personajes tanto musulmanes, judíos que nacieron y vivieron en esta ciudad en época andalusí. Deseamos que, a partir de hoy, Villa del Río también sea recordado por su plaza al segador y damos nuestra felicitación más sincera a las autoridades municipales, eclesiásticas y particulares que dieron luz a este proyecto y que sin desmayo han conseguido la meta, y al pueblo al general transmitimos nuestro deseo de que aprecien el valor cultural que simbolicen las estatuas y el respeto que como ciudadanos les debemos. Muchas gracias”. 

Q.E.P.D este ilustre villarrense y sea para su honra este humilde reconocimiento. 

Juan José Platero Yerpes 

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