Lecturas para el fin de semana | ISABEL AGÜERA

EL DÍA DE UN SUEÑO
A mi hija Isabel María
Esto era una vez una niña que tuvo un sueño: Vio correr por el firmamento brillantes estrellas. Se ilusionó de tal forma que se dijo: no despertaré hasta llegar a alcanzarlas. Y corrió tras ella largos días, largos años, difíciles momentos, costosos esfuerzos, férrea voluntad, pero, al fin, pudo acariciar entre sus manos algunas de ellas a lo largo de su corta vida: premios, felicitaciones, baile, pintura, arte, mucho arte en todo, mucha creatividad, pero sí hoy ha sido el gran día de alguno de aquellos tus muchos sueños. De vez en cuando, en esa maratón de proyectos, me enviabas una poesía que me dejaba sin palabras. Escribe –le decía yo-; son muy buenas tus poesías. Y siempre me contestaba: mamá, ¡si tengo un montón!, pero me gusta tanto el flamenco…
Hace unos días me llevé la gran sorpresa de mi vida: el tercer libro editado de poesías que iba escribiendo al hilo de una serie increíble de proyectos: “Córdoba, Poesía en tus manos”. Ediciones Algorfa a la que felicito por tan gran acierto.
¡Qué felicidad y qué emoción el verte bailar en un gran escenario! ¡Cuántos momentos de felicidad con tus creaciones insuperables y constantes! Pero hoy me siento como si fuera el Día de un Sueño, cuando acaricio entre mis manos tu preciosa obra poética. Sí los sueños son posibles y aquel universo de estrellas que te fascinó un día va dejando una estela con una antorcha que a modo de pancarta nos dice: los sueños son necesarios y son posibles. Tener un sueño, perseguirlo, contra vientos y mareas, es el único camino, y es algo que quisiera que como eco corriera por el universo y llegara a oídos de tantos jóvenes que no saben, que no entienden, que no encuentran…
Triunfar en la vida es tener el coraje de trabajar, sin regateos ni pausas, por ese hado que se nos cruzó en el camino una mágica noche, pero nos caló tan hondo que, como meta lejana pero alcanzable, vivió, creció con nosotros hasta convertirse en aplauso y que si bien no nos llevará a fama alguna, sí a la plena satisfacción de tener entre las manos, como tenías y acariciabas tú aquella lejana noche un universo de estrellas estrella con la que soñaste un día y te dejó prendida para siempre.
Triunfar en la vida es tener el coraje de trabajar, sin regateos ni pausas, por ese hado que se nos cruzó en el camino una mágica noche, pero nos caló tan hondo que, como meta lejana pero alcanzable, vivió, creció con nosotros hasta convertirse en aplauso y que si bien no nos llevará a fama alguna, sí a la plena satisfacción de tener entre las manos, como tenías y acariciabas tú aquella lejana noche un universo de estrellas, estrella con la que soñaste un día y te dejó prendida para siempre.
OCHENTA JAZMINES
Poesía dedicada a mi madre
Para mi madre con todo mi cariño
Dulce hora de un invierno
de álgido rostro frío,
estrella fulgente y veloz
destello radiante y perdido.
Es tu canto nuestro himno
es tu amor nuestro anhelo
son tus manos el cariño
que acompaña nuestro vuelo.
Son sesenta los jazmines
desprendidos por la brisa
y son sesenta los suspiros
que la noche amarga eclipsa,
sesenta los caminos
que la vida te regala
porque el tiempo es el futuro
y el pasado, cruel bengala.
Blanca fue tu aurora
y blanca es tu senda,
blanco fue tu amor
y blanca fue la huella
del hombre que un día dejó, brillante,
su blanca y radiante estela.
Prende de tu eterna pureza
las tiernas ramas que nacen
y cubre de nobles besos
la incipiente y pueril alcurnia
que entre nosotros se esparce.
Generosa vida,
fecunda existencia,
sueño altruista,
peculiar apariencia,
cariño infinito,
madura inocencia,
corazón inundado,
de tierna vivencia,
nostalgia constante,
con pasado y sentencia,
arte aplastante,
ejemplar docencia,
pensamiento curtido
divertida presencia
eterno coraje,
y pura, latente, viva y esencial…TU ESENCIA
(Cuando dice, al principio, dulce hora de invierno, se refiere a mi nacimiento que fue en este mes de enero)